Temor

Sí, tengo miedo. ¿Y saben? Lo tengo y me sorprendo de tenerlo. No soy alguien que suela sorprenderse fácilmente, pero creo que con el pasar de los años uno va cambiando y debe aceptar esos cambios. ¿Será quizás que mi temor es un temor saludable, un temor que debe existir?

Es por ellas, esas dos señoritas que se despiertan todas las mañanas y se ponen a jugar conmigo apenas me ven. Una de ellas habla con palabras, la otra me habla solo con vocales pero igual le entiendo. Y son tan lindas, sus caritas parecen talladas a mano. A veces cantan, a veces bailan, siempre quemando energía, siempre inventando cosas nuevas.

Antes solo pensaba por mi esposa, por mis más cercanos y quizás también por mí, pero ahora están ellas, y con los años se roban cada vez más mi atención, pero no siempre estarán ahí, inventando juegos y riéndose de guata en el suelo, haciendo preguntas o inventando nuevos estilos de baile. Cuando las veo llorar inocentemente por una película, o contarme abiertamente cosas tan sin importancia como si fueran lo más importante del mundo, no puedo evitar maravillarme de su inocencia y recordar lo linda que es esa etapa de la vida. O cuando la más pequeña me queda mirando y se ríe de la nada, es como si me estuviese dando un regalo que nunca jamás nadie me había dado ni me podrá dar.

Por eso, ahora tengo miedo del reloj, que avanza tan rápido y me las va a cambiar por personas que aún no conozco. Tengo miedo del mundo en el que vivimos, que no tiene misericordia con nadie y puede hacer sufrir demasiado. También le temo a la gente, que cada vez es más insensible y solo piensa en su propio beneficio. Tengo miedo de no estar ahí algún día, y que ellas me necesiten y no pueda ayudar. Le temo a los sucesos imprevistos, que han separado a tantos que se quieren.

Pero no quiero que ellas lo sepan. Solo quiero darles alegría, y que les vaya bien en la vida, y que cuando llegue el momento de empezar con su vida adulta y se alejen de nosotros, se vayan con el corazón lleno de amor y cariño. Que estos momentos que vivimos día a día no los olviden nunca, y cuando crezcan y recuerden su niñez, sea para ellas como mirar un campo lleno de violetas, tan lindas que les den ganas de ir a correr en medio de ellas y tirarse ahí, para mirar como las nubes del cielo pasan por sus cabecitas.

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Nunca tienes todo lo que quieres

Una vez me contaron algo que en el momento no creí, pero que ahora doy fe que es cierto:

  • Cuando eres niño, te sobran las energías y el tiempo. Pero no tienes dinero ni la madurez para administrarlo.
  • Cuando eres adulto, tienes dinero y energías, pero el tiempo se vuelve tan escaso que no puedes hacer nada de lo que quisieras.
  • Cuando eres viejo, tienes tiempo y algo de dinero, pero la energía ya se fue volando a cualquier parte.

Por eso la niñez es la etapa más feliz de la vida, porque ahí es cuando se es realmente libre para disfrutar del regalo de la vida, que cada uno de nosotros tiene. ¿Para qué se quiere dinero en esa etapa de la vida? Después el tiempo pasa y creemos que somos mas libres, mas maduros para tomar decisiones que antes no podíamos, pero todos tenemos que someternos a algún tipo de esclavitud para seguir en marcha.

Eso no quiere decir que la vida sea del todo triste ni esclavizante. Cada etapa de la vida brinda sus propios momentos bellos, y resultan ser un incentivo para seguir adelante.

 

 

Iniciando curso DBA

Mi gentil empresa me financió un curso de DBA (yay!). Como es un curso que salió muy caro y no quiero que se desperdicien las 100 horas que dura y mucho menos se pierda algo a lo que se pueda sacar provecho, intentaré ir poniendo aquí todo lo que vaya aprendiendo. Servirá como referencia personal, y claro, para que cualquiera que de con este blog también se pueda beneficiar también.

 

Nuevos requisitos

Se suma más papeleo requerido para emigrar con posibilidades para encontrar trabajo. Claro pues, ¿como iba a validar mis estudios estando allá? El documento aquél se llama ECA, y permite acreditar tu nivel de estudios en Canadá. Claro está que el poseerlo también te da chances de acceder de manera más sencilla mediante el “Express Entry”. Y bueno, tiene costos. Casi 100 lucas chilenas. Ya estoy empezando a sospechar que todo esto es un vil negocio…. pero en fin, no desistiré tan facil. Nadie dijo que hacer esta jugada iba a ser facil, pero hay que intentarlo al menos. ¡POOOWEEER!

Avanzando de a poco…

Hoy fuí a la embajada de Canadá. ¿Por qué fuí? A pedir información, se supone. La verdad ya sabía que no iba a recibir información alguna, que me iban a poner caras raras al verme ahí preguntando por información para emigrar. No me importa, no fuí para recibir información. Solo fuí para sentir mis pies en territorio canadiense. Y era el impulso que necesitaba para estar 100% determinado a seguir adelante. Solo una embajada me bastó para ver lo diferente que es todo en otras tierras. Se respira otra cultura, otro tipo de gente.

Luego de eso ingresé una vez más a la página web canadiense de inmigración para ver los pasos que debo seguir, y ya lo tengo claro: Express Entry. Es la alternativa que permite ingresar al país de forma permanente y con permiso de trabajo. Hay otras vías de ingreso pero son temporales, y en este caso no me sirven. ¿Qué necesito?

– Examen IELTS rendido, con puntaje aceptable.

– Certificación CCNA, para tener competencias que me permitan encntrar pega.

Ambas cosas suman más de 300 lucas además de mucho tiempo de estudio, pero son una alternativa casi segura para lograr el éxito en mi meta.

¿Por donde empiezo?

Ok, ya esta conversado como familia, se ha pedido la opinión a amigos y todos nos apoyan. Irse a vivir al extranjero es una buena idea, lo sabemos. Nuestras circunstancias nos permiten hacer la jugada al menos (quizás no al corto plazo, más adelante puede ser). Pero………… ¿por donde empiezo? ¿Cómo diantres se hacen las primeras jugadas para empezar a articular todo esto? ¿Juntar plata? ¿Pagar deudas? ¿Dominar bien el idioma inglés? ¿Capacitarme más en mi rubro para llegar más preparado? ¿Todas las anteriores? Ahhh son tantas cosas, y a la vez aún no erradico totalmente ese bichito que me dice: no hagas nada, quédate tranquilo si aquí estás bien. Chile no es un mal lugar para vivir. Pero yo digo no! Hay que irse, tércamente, pero sé que es lo mejor. Cuando ya estemos terminando todo este proceso no querremos volver atrás. Chilito querido será cosa del pasado.