Trocitos

Hay quienes no logran impedirlo. No es posible, por más que lo intenten. Cuando tienen a esa persona especial frente a ellos, esa persona que ha logrado cautivarlos de alguna forma, se ven desprovistos de un”trocito”. A veces en mayor o menor cantidad, pero siempre ocurre y no hay como frenarlo. Son personas que entregan parte del corazón a gente que ha logrado traspasar sus capas y barreras, y están ahí, sonriendo junto a ellos en la vida.

El punto, estimado lector, es que hay algunos que lamentablemente llevados por inexperiencia o por falta de años son impulsivos y no cuidan de su preciado tesoro. Y solo entregan, pensando que el cariño y la amistad durará por siempre, que esas personas especiales estarán siempre ahí. Entonces es cuando el tiempo, las decepciones o las circunstancias hacen lo suyo, y muchas veces esas personas tan valoradas se van cuando menos se espera. Esos familiares, amigos, amores y desamores viajan lejos donde ya no se les puede ver día a día, desaparecen como un arcoíris. Se esfuman. Sus caminos dejan de ir al unísono y se aleja entre las montañas, volteando en un par de curvas para luego desaparecer de vista. Y ahí se va otro pedacito, y el corazón queda mas pequeño, mas débil y desconfiado, mas inseguro y mas temeroso. Más fragmentado, más insensible. Más inservible.

Aun así, estos sujetos logran arreglárselas con lo que les queda, aunque sea mucho menos de lo que tenían en un principio. Mientras puedan quererse a sí mismos y a sus más cercanos podrán seguir a flote, pero ya no emitirán la misma chispa de siempre. ¿Por qué? Esos trocitos que fueron arrebatados nunca jamás vuelven. Se pierden por ahí, o caen a tierra y pasan a formar parte del polvo. O en algunos casos el portador se lo guarda y nunca jamás lo devuelve.

Finalmente llega un momento en que ya es demasiado, son muchos los trocitos que han abandonado su lugar y la luz interna de la persona ha perdido gran parte de su fuerza. El pasar de los años les ha hecho conocer gente especial, pero ese mismo pasar de los años se las ha llevado lejos y los ha debilitado. Es entonces cuando se recubren más y se vuelven sujetos sigilosos, calculadores y algo desconfiados. Y aunque a veces dan pasos en falso, logran dar giros drásticos y se protegen de sufrir más fugas. Somos unos pobres idiotas. Oops.

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Rayo de sol en una cárcel oscura

–¿Qué pasó? Todo se volvió oscuro de repente. Miro a todos lados y estoy encerrada en un mundo difuso que me asusta un poco. Hace frío, y tengo un poco de miedo. Pero trato de abrir bien mis ojos y los sigo viendo, muy a lo lejos pero ahí están. Papa… ¿puedes oír mi voz? Mamá… ¿sigues estando ahí conmigo? Trato de tomarte las manos pero estas ya no me responden… trato de reír cuando algo me causa gracia, pero veo que nadie sonríe junto a mi. ¿Es esta una cárcel en la que voy a estar el resto de mi vida? Si es así, me resigno y lo acepto. Quizás no podamos nunca tener una conversación normal, ni sea capaz de comportarme como el resto de los niños. Pero sigo estando aquí, y los veo. Y los sigo queriendo mucho aunque no pueda darles un beso ni abrazarlos. Les pido que me acepten como soy mientras me mantengo en esta cárcel de profunda oscuridad. Los años van a pasar y quizás esto sea muy duro para mí y para ustedes, pero sepan que mientras ustedes estén ahí para mí yo estaré bien. Seguiré percibiendo su cariño siempre, y tengan por seguro que yo también les querré demasiado por toda mi vida. Así que no lloren, sean felices, y sonrían en todo momento por mí–

La madre dejó de mirar los ojos luminosos de su niña, a lo que luego de un momento de silencio, lloró por última vez en la vida. De ahí en adelante no dejaría nunca más de sonreír, aunque la parálisis cerebral de su hija se mantuviera con el tiempo.

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Las piedras que valían oro

Recuerdo aquellos días en que las cosas eran distintas a como son hoy. Todo no era tan volátil… tan inmediato como hoy, y pedía esfuerzo de nuestra parte, involucrando un riesgo sin segundas oportunidades de vuelta.

¿Quién no recuerda cuando se iba a arrendar una película al videoclub preferido, sin saber de qué trataba? Solo unas cuantas referencias de los amigos y un poco de marketing en la caratula era todo lo que teníamos para saber si nos arriesgaríamos a verla. Y si no nos gustaba, tratábamos de buscarle lo interesante para que el viaje, el dinero y el tiempo invertidos no fueran en vano. Y así nos llevábamos, gastando tiempo y dinero en conseguir películas al videoclub, pero lo disfrutábamos.

¿Y cuando sacábamos fotos? Comprar un rollo con capacidad para 30 disparos suponía el inicio de un período de meticuloso estudio del diario vivir. Solo aquellos momentos realmente importantes merecían un disparo de nuestra cámara. Y cuidábamos de sacar buenas imágenes estando quietos y concentrados. La comida, nuestras patas o la mascota loca no tenían espacio en nuestros álbumes. Después de algún tiempo teníamos tantos álbumes que los metíamos en alguna caja, y ocupaban un espacio considerable. Pero ahí estaban, y las mirábamos siempre que el momento lo ameritaba. 

Para qué hablar de la música. Comprar un casette o CD era llevarse parte de tu artista favorito a tu casa. No nos importaba perder tiempo moviendo la cinta con un lapiz Bic, o pulsar botones para llegar al track favorito. La grabación daba vueltas una y otra vez, luego volvía a su espacio especial y así siempre. El personal estereo era voluminoso, incómodo, pero ahí lo llevábamos. Cuando hacíamos algún movimiento brusco el CD con música se pegaba, pero no nos importaba demasiado.

Hoy hay muchísimas facilidades para todo, principalmente gracias a Internet. Películas por montones y al instante, música en segundos. Fotografías por millones y sin límite, de resoluciones y tonalidades inimaginables. Pero el apego e interés por estas y muchas otras cosas… ¿no se ha hecho igual de volátil?. Las piedras que obstaculizaban nuestro camino para satisfacer algunas de nuestras necesidades fueron molestas en su momento, pero recién ahora uno se da cuenta de lo mucho que se extrañan. Porque lo que cuesta trabajo siempre se valora y disfruta más.

Esas eran piedras de oro sin duda, pero ya están lejos de volver a nuestro camino.

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Mediocridad

En la sociedad moderna se asocia la calidez humana con la mediocridad. Si eres blando eres débil. Si muestras mucho de ti no sirves para ser líder. Si no mantienes tu corazón bien amarrado y con un bozal eres un imprudente. ¿Desde cuando la indiferencia y la frialdad se convirtieron en el modelo de vida preferencial de la gente? Quizá desde cuando, quién sabe. Pero creo que la gente se ha mentalizado de lo peligroso que puede llegar a ser el permitir el acceso de extraños a su círculo privado, a ese espacio que es sagrado, familiar, único. La indiferencia es usada como escudo de protección, y la frialdad como un pesado repelente que espanta a posibles enemigos. Lo irónico es que eso ocurre en la vida real, pero si hablamos de las redes sociales, el asociarse con extraños resulta ser pan de cada día…
En fin, la sociedad en que vivimos es tan rara. Y uno como que a veces se acostumbra a seguir el mismo modelo de vida.

Samsung Galaxy S4, despilfarro tecnológico.

No suelo escribir sobre tecnología en este sitio, pero creo oportuno dedicarle un artículo a aquel smartphone que ha logrado cautivar la atención (y el bolsillo) de todos aquellos que gustan de lucir tecnología rimbombante y sonante. Si, me refiero al Samsung Galaxy S4.

Samsung como empresa ha sabido jugar muy bien su estrategia. Posicionándose como una de las principales compañías de artículos electrónicos a nivel mundial ha hecho varias radiografías de mercado y han logrado encontrar buen éxito comercial, especialmente en lo que se refiere a equipos móviles inteligentes.Y saben bien que la gran masa de potenciales compradores de smartphones de gama alta solo se deja llevar por frases como: “entre más grande, mejor”, “si tiene más núcleos, será mas rápido”, “si tiene más megapixeles, aún mejor”. Saben bien que al comprador común le agrada la idea de saber que su nuevo equipo le permitirá jactarse con sus amigos, o simplemente mostrar algún estatus ante el resto. El resto le da igual. Y si tenemos que mencionar un equipo que cumple perfectamente con esas características, Samsung lo trae con bombos y platillos: Samsung Galaxy S4. Ya no es S3, es un S4, y todas sus cifras son superiores a su predecesor: 8 núcleos en su versión con procesador ARM Cortex-A7 marchando a 1,2 Ghz, 2 GB de RAM, hasta 64 GB de almacenamiento en algunas versiones, cámara trasera de 13 megapixeles (y frontal de 2). Y sigue.

Ahora, la pregunta que pocos se hacen al momento de adquirir un móvil de este tipo es: ¿realmente necesito 8 nucleos de procesamiento (o incluso 4, en otros modelos)? ¿Le sacaré provecho real a 2 GB de memoria RAM en mi smartphone? ¿Serán mis fotografías de calidad casi profesional por tener una cámara de 13 megapixeles?. Y en general, ¿mejorará realmente mi experiencia de uso el adquirir un smartphone con tanto poder de hardware?.

Hay compañías que juegan otra estrategia, como Apple o Nokia. Si bien tienen los recursos  para construir smartphones con elementos similares a los que suele entregar Samsung en su gama Galaxy, prefieren invertir tiempo y recursos en entregar otro factor que a mi parecer se agradece mucho más: experiencia de uso. Y sí que han logrado conseguir buenos resultados en este ítem, lo cual no ocurre con Samsung.

¿Por qué digo esto? Porque me ha tocado experimentar con equipos Samsung Galaxy S2 y S3, y aunque tienen hardware superior a equipos de su línea, se siguen pegando a ratos, no conservan su fluidez, sus fotos no tienen la mejor calidad del mercado, y se calientan como plancha. Cosa que no ocurre (o seamos realistas, ocurre menos) en smartphones de la misma categoría. Y no me cabe la menor duda que será igual en el caso del Samsung Galaxy S4 (y ojo que el smartphone es caro, así que terminas pagando hardware que realmente no necesitas, o que quizás nunca llegues a utilizar).

Por todo esto, resumo mi breve análisis en una oración: Samsung despilfarra tecnología en su nuevo equipo Samsung Galaxy S4. Pero de seguro esto les resultará comercialmente hablando, tal como ocurrió con el S3, por lo que celebrarán cuentas alegres y a sus ojos toda esa tecnología metida en un smartphone no será un despilfarro. En fin, todo depende desde qué óptica se le mire, ¿no?.

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El escritor

El escritor era visto como alguien modesto y poco interesante como persona. Si bien sus obras lograban tremendo éxito entre su público, nunca se le vio vistiendo ropa de categoría, montando vehículos ostentosos ni viviendo en lugares de renombre; de hecho su morada era un lugar muy sencillo. El escritor no era alguien que llamara la atención fuera de sus libros. Siempre moderado en sus costumbres, sin vicios ni despilfarros. Sin embargo, él sabía que la gente tenía una imagen muy equivocada sobre su persona.

¡En realidad no tenía nada de humilde, su casa era una locura!

Cuadros de grandes maestros como El greco, Miguel Angel y Da Vinci adornaban cada una de sus paredes. Muros altos y portentosos llenos de figuras talladas sobre madera y piedra, con antorchas y lámparas gigantes. Alfombras de seda fina cubrían cada sala, impregnadas de colores majestuosos y brillantes. Princesas de todos los rincones de la tierra lo visitaban cada día, por lo que ofrecía banquetes dignos de reyes de la mas alta alcurnia. Algunos días eran explosivos, llenos de emociones vertiginosas e incontrolables. Otros, sin embargo, eran quietos y melancólicos, por lo que una densa niebla cubría cada rincón de la casa y un bello grupo de luciérnagas se aparecía, revoloteando por cada uno de los pasillos. Y para que hablar de aquella habitación… ¡ah, esa sala especial! Cada vez que el escritor entraba ahí recobraba la juventud. Allí un trono de oro entallado con piedras preciosas era su descanso, un hermoso escritorio de marfil y una pluma de oro puro entallada con zafiros y esmeraldas tenían el honor de hacer contacto con sus obras, y toda la habitación estaba rodeada por nubes divinas traídas del mismísimo lugar del altísimo. Estrellas del universo observaban atentas cada vez que el escritor tomaba lugar en su trono y escribía.

¿Como podían pensar que era modesto, si realmente era el hombre más ostentoso del mundo?

Bueno, a decir verdad ninguno de sus conocidos había entrado jamás a esa casa. Ni siquiera su esposa de toda la vida. De hecho, el escritor nunca había tocado con sus propias manos a su querida esposa, ni a nadie. Los veía a todos a la distancia desde su casa ostentosa, de la cual nunca había salido.

Un día al escritor se le ocurrió poner un pie fuera de casa. Antes que alcanzara a salir de ella, ésta se derrumbó y le quitó la vida. Nunca más se supo de él.

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Auditorio virtual

Es triste andar solo por la vida. Conseguir metas y no recibir suficientes felicitaciones, tener una habilidad y no tener a alguien cerca para jactarte. Tener un día feliz y no contar con alguien a quién decírselo. Por ello, las redes sociales han hecho su ingreso a la vida moderna para suplir esa necesidad. O sea, ya no necesitas hacerte de amigos reales para cubrir tus necesidades emocionales. Puedes acumular a una masa de desconocidos que esté ahí desde tu móvil, cuando los necesites. ¿Pero qué pasa cuando esos desconocidos pasan a tener cierto protagonismo en tu vida? ¿Si a tus ojos comienzan a merecer más tiempo que tus cercanos, la gente que te rodea?. Son tan importantes para ti que les preparas noticias, les cedes galerías enteras de fotos, planeas posteos ingeniosos para retenerlos ahí, en tu auditorio virtual. Quieres ser visto, sientes que pueden evitar que tu nombre pase sin pena ni gloria en este mundo.

Pero la triste realidad es otra. Podrán aparentar estar ahí, pero ¿también lo está su interés real por ti? Posiblemente el 2% de tu auditorio virtual lo esté (probablemente porque te han conocido en la vida real), pero la gran masa de personajes virtuales no. Es mejor para alguien solitario mantenerse solitario que llenar su vida con gente que no conoce. Sin lazos afectivos de por medio, sin que sus ojos hayan cruzado miradas aunque sea una vez en la vida… ¿como podría haber amistad real? ¿Pueden las emociones viajar sobre un cimiento tan débil y endeble como lo son un montón de cables?. Lo malo es que, como siempre, el mundo moderno está totalmente convencido que el ahora es mucho mejor que lo pasado.

Quizás a nuestro lado hay pocas personas. Pero cada una de estas personas vale muchísimo mas que una gran masa de extraños. ¿Por qué no dedicarles el interés y tiempo que merecen?
Al fin y al cabo, cada uno sigue su propia ruta en esta vida. Pero quienes estarán realmente contigo cuando estés llegando al final de tu camino, esos son los que valen la pena.